
Los numeros uno pueden permitirse algun ramazo de soberbia, digamos que los adorna, los hace legendarios, pintorescos, ligeramente odiosos pero ampliamente admirados. Sin embargo, los que alcanzan el codiciado cetro de campeón y mantienen posiciones serenas, elegantes, actuando con humildad sincera nos dan una lección en cada minuto de su vida.
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